La chapuza integral en este moderno y liberalio país, se nota cada día más. Pena que la ciudadanía esté entretenida en otros menesteres y que quienes tienen la oportunidad levantar la mirada a lo lejos y plantear otra alternativa estén a lo suyo, a defender su chiringuito y poco más.

Este apunte viene al hilo del caos en el tráfico y transporte de Madrid. Donde lo local, regional y estatal van de la mano en la dejación de funciones. Las carreteras colapadas, el transporte público no solo insuficiente sino permanentemente averiado por falta de inversión y los madrileñitos de a pié en una ratonera diaria, donde sus maltrechos sueldos se ven aún más devaluados tanto por el precio/hora resultante del tiempo que dedican a desplazarse al trabajo, como en el coste en combustible que derrochan todos los días. ¿Y esto porqué?

Primero porque aquí lo que prima es el negocio. Los desarrollos urbanísticos que no cesan, para lucro inmediato de constructoras de pisos a precio de la Gran Manzana, no se hacen previa revisión de las dotaciones e infraestructuras óptimas, sino que se meten a miles de personas en sus nuevas casas con padel y piscina, sin dotarles de los servicios básicos. ¿Si no piensan en como van a salir y entrar de sus casas, quién se cree que lo van a hacer en colegios, centros culturas o comercios de cercanía? Esas cosas, pues luega ya si eso…

Segundo, porque nuestro modelo territorial está cero planificado. Cada entidad va a lo suyo sin una visión global solo en el corto plazo electoral. Mucha zona baja de emisiones en las grandes ciudadades y patinetes para hacerse la foto con la rosca de la agenda globalista del 2030 en la solapa y luego fomentan regiones metropolitanas invivibles e insostenibles. No hay una competencia competente que fije los grandes retos de futuro para nuestras vidas cotidianas y si la hay, en algún caso, evita aplicarla no sea que ofenda a los poderes económicos. Casas, casas y más casas, con coches, coches y más coches sin saber ni donde aparcarlos, porque ni siquiera se obliga a las nuevas construcciones (todas modelo Paus) a contar con tres aparcamientos o más por casa (que eso encarece al constructor), dejando también las calles aledañas como el centro en Navidad: instransitable.

Entre la España vaciada y la España saqueada, vamos apañados. Eso si, todos peleados y/o apaleados. Que en eso si que somos eficientes.